Reconociendo Nuestros Tesoros
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Reconociendo Nuestros Tesoros

Reconociendo Nuestros Tesoros

Reconociendo Nuestros Tesoros
Por Damian Goldvarg, PH.D.
Acabo de volver de un viaje de trabajo en Kenia y aproveché el fin de semana para tomar un safari en el Masai Mara, la selva en el límite entre Kenia y Tanzania. Fue una experiencia muy interesante y quiero compartir uno de los aprendizajes que tuve en este viaje. Cuando estaba preparándome para el safari, les pedí consejos a amigos que habían hecho viajes parecidos sobre qué cosas llevar conmigo y a que cosas prestar atención. Considero que cuando empezamos nuevas actividades es importante pedir orientación de personas que tienen más experiencia que nosotros en el tema para asegurarnos de estar mejor preparados. Pedir ayuda implica tener la humildad de reconocer que no sabemos algo y también estar dispuestos a aprender y a hacer cosas que no haríamos si no tuviésemos esa información. ¿Cuál es tu capacidad de pedir consejos y asesoramiento a la gente que conoces sobre temas que son nuevos para ti? Uno de los consejos que recibí fue de llevar un larga vista (prismáticos) además de mi cámara de sacar fotos con un lente poderoso para sacar fotos a distancia.
Al principio pensé que con la cámara sería suficiente, pero le hice caso a mi amigo y llevé un larga vista que tenía en mi casa por más de 15 años que uso para cuándo voy a ver shows al Hollywood Bowl o a otros espectáculos culturales . Es un buen larga vista pero me llevé una sorpresa muy grande cuando me di cuenta que era mucho más poderoso de lo que pensaba. En mi primera salida con el jeep del safari, le pedí prestado la larga vista al conductor y guía, con la idea de que sería mucho mejor que el mío y podría ver mejor los animales a la distancia. Me llevé la sorpresa que mi larga vista era más poderoso que el de él. De repente me di cuenta que tenía un larga vista excelente al que no le daba ningún valor. Esto que parece una tontería, me hizo reflexionar en otras cosas que podría poseer en mi vida a las que no reconocía por su valor. No me refiero solo a cosas materiales. Fue un muy buen ejercicio. Me pregunté, ¿Qué cosas no me doy cuenta que tienen valor en mi vida y que no estoy reconociendo? Te invito a que te hagas esta pregunta. Es desafiante pensar fuera de nuestra área de confort o de lo que consideramos nuestra realidad. Es parte de lo que no sabemos que no sabemos. Cuando no somos conscientes del valor de lo que tenemos podemos perder oportunidades para apreciarlo y para aplicarlo en nuestras actividades cotidianas.
¿De qué otras maneras puedo usar este ejemplo del larga vista? Interesantemente, los prismáticos son instrumentos para ver lo que no está accesible a nuestra vista cercana. Me propuse prestar atención a mi entorno y buscar claves que me ofrecieran nuevos ángulos sobre mis “tesoros ocultos.” Es un muy buen ejercicio. Les recomiendo que cuando tengan una pregunta busquen que el universo se las conteste con señales. Cuándo prestamos atención a ciertas cosas es más fácil reconocerlas. En mi viaje de avión de vuelta a Los Ángeles elegí escuchar a Basia, una cantante europea que me gusta mucho y en su nuevo CD tiene una canción que se llama “A Gift”, un regalo. Otra sorpresa. La canción habla de cómo el amor de los otros es un regalo en nuestras vidas y cómo muchas veces lo damos por sentado y no nos detenemos a reconocerlo, apreciarlo y validarlo. Y conectando ideas, me di cuenta que el amor de la gente que me quiere es uno de los tesoros más grande que tengo. Es interesante que ese cariño que recibimos de la gente de nuestro entorno es un regalo inmenso al que muchas veces no prestamos atención. ¿Cómo es el amor de la gente que te aprecia? Te invito a que reflexiones sobre tus tesoros y los compartas con tus amigos y si quieres en mi blog,